Soy joven e inexperta. Soy 20 años de experiencia y de vejez. Ahí lo dejo.
Me doy cuenta de lo joven que soy. Me doy cuenta de lo inexperta que soy. Sé que me queda mucho por vivir, mucho por aprender y mucho por lo que luchar. Sé que me quedan infinitas ideas y pensamientos y sentimientos y momentos que inventar, copiar, escuchar y que compartir. Bueno infinitas no, pero unas cuantas sí. En teoría.
Mi hermano, doce años mayor que yo, me dice que soy demasiado inocente y que con los años me volveré más pícara. Puede que tenga razón: soy inocente. En lo demás, vete a saber; a mí por ahora, inexpertamente, me gusta pensar que no todas las manzanas del manzano son iguales. Es como la movida de las cebras, que según he solido oír no hay ninguna que tenga las rallas iguales. Pues algo así. Que vamos, cada seta crece en un mismo terreno pero en diferentes lugares, y a diferentes ritmos y con diferentes colores y olores… inocentemente así pienso.
Interpreto todo lo que me pasa inocentemente, bajo la manta de la inexperiencia, y así voy creciendo. No soy original en ese sentido, todos lo hacemos ¿no? En fin.
Soy consciente de que cada día voy afinando más toda mi realidad. (Subrayo lo de mi ). Y no sé si de la manera correcta o incorrecta, pero voy afinándola, supongo que en base a una corriente determinada que me lleva o me trae hacia un lado o hacia el otro. Me atrevo a decir que voy detallando diferentes realidades y elijo la que más me conviene. Y la convierto en mía. Inocentemente. Inexpertamente. Todo esto con un CREO gigante al principio. Y que ¿ en base a qué decido cual es la que más me conviene? Depende del momento.
A veces acierto, otras, fallo. Como todos. No es una ciencia exacta, no es una ecuación matemática determinada, es un juego: en el que ganas y pierdes según lo que te apetezca. No tienes porqué querer ganar siempre a la primera… ni a la segunda.
Me gusta reír y también llorar. Y cuanto más conozco, sospecho que menos sé. Por eso a veces me meto en mi burbujita, en mi cascarón de nuez, para pensar que algo al menos sé sin ponerlo en duda. Pero salgo de la burbujita y el jabón me pica en los ojos. Otra vez no sé y sólo creo.Y entonces se me ocurre que no hay mejor manera que “ver para creer” sin dudar. Y es verdad: a veces le doy ese punto de fiabilidad al asunto. Pero luego, en realidad, me pongo a pensar y joder, es que interpretamos todo lo que vemos bajo unas creencias invisibles. Y es la pescadilla que se muerde la cola, porque sin ver no creemos, pero lo visto, lo amoldamos en base a creencias nunca vistas: Se llaman ideas. Son ideas estáticas que explican un mundo, el cual irónicamente, está en constante movimiento. Y entonces suelo pensar que así es imposible entender nada. Sólo se puede creer; nunca saber. Y esto es algo que también se aprende, partiendo de la inexperiencia, siempre inocentemente.O eso Creo. No sé.