lunes, 23 de abril de 2018
yes
Recuerdo la primera vez que lo vi. Allí entre los desechos que Europa decidió no aceptar. "Refugiados" decían. Él no articulaba palabra, sólo miraba, aburrido de ver a tantas y tantos voluntarios, paseándonos como perros en celo, ansiosos por querer colaborar. Aburrido de su vida, de lo incierto. De un pasado solitario, de un futuro.... vacío. Pero surgió y me dejo entrar. Desde entonces me ha devorado. Me ha devorado su día a día, su limbo, su inestabilidad. No pertenecer a ningún sitio es algo muy duro. Me ha anulado y me ha generado dudas e inquietudes, en verdades que para mí eran inquebrantables. Me ha desecho todos mis proyectos e ilusiones, viendo cómo yo sí puedo, y él no. Ellos no. Es difícil sobrellevar una relación de Tú a Tú cuando legalmente la línea es vertical. Y es muy duro darte la vuelta y seguir con tu vida, cuando tu vida está reposada en esa misma desigualdad. Nos han enseñado a ser egoístas con los que no son de los nuestros. Pero la línea de los nuestros es tan difusa, tan cambiante, que quizás habría que empezar por re-educarnos de nuevo. Basta ya de tanta protección...
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